Anterior 01 de Otoño de 150 Noche. El viaje había sido interrumpido casi tan pronto como comenzó por una tormenta que ni las previsiones más cuidadosas habían conseguido anticipar. Amainó pronto y, tras apenas unas horas perdidas bajo el refugio de la Fortaleza Shoseki, padre e hijo pudieron volver a aventurarse al mar. El resto del trayecto fue una pesadilla para Hachibi. Durante prácticamente toda la travesía pareció febril: el cuerpo tenso, la piel húmeda y aquella incomodidad constante que sólo desapareció cuando sus pies volvieron a encontrar tierra firme. Habían llegado al atardecer, con las últimas gaviotas perdiéndose sobre el horizonte. Tanto el mestizo como Amida portaban sus banderas en el brazo. Hachibi llevaba la suya sobre el izquierdo, cerca del hombro; el mayor, sobre el derecho. Tan pronto desembarcaron, lo primero fue encontrar una posada y cenar. Siendo un pueblo tan pequeño, aquello fue la tartea más sencilla y ya ahí, la noche y la quietud reinaba.
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[Misión Autonarrada Rango C] El Dojo Ocupado Día 10 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato Petición Misión Aquí Kuroto llegó a la zona indicada a media mañana. El antiguo dojo se encontraba apartado de las calles más transitadas de Konoha, medio oculto entre construcciones abandonadas y una pequeña arboleda. La pintura se desprendía de las paredes, varias tablas del porche estaban deformadas por la humedad y el viejo cartel colgaba torcido sobre la entrada. A simple vista parecía vacío. Precisamente por eso Kuroto no se acercó. - Dos hombres llevan varios días utilizando este lugar como refugio. Si todavía están dentro, no tengo ninguna razón para anunciar que he llegado. Se mantuvo a cierta distancia observando el dojo. Durante los primeros minutos no ocurrió nada, pero varios detalles rompían la apariencia de abandono: huellas recientes junto al porche, una ventana más limpia que las demás y restos de comida cerca de uno de los muros. Kuroto cambió ligeramente de posición para comprobar mejor uno de los laterales del edificio. - Siguen aquí. No necesitaba entrar todavía. El encargo era detenerlos y desalojar el dojo, no irrumpir en un lugar que ellos conocían mejor. Esperó. Minutos después, una puerta lateral se abrió y un hombre salió al exterior. Miró a ambos lados antes de alejarse, y Kuroto comenzó a seguirlo a cierta distancia. El hombre se internó en una zona más concurrida hasta que pasó junto a una mujer detenida frente a un puesto. Su mano se movió apenas un
[Incursión] La Cosecha sin Dueño -Dificultad ? 15 de Otoño: El camino que salía de Midori hacia el noreste comenzaba a estrecharse mucho antes de alcanzar las terrazas. La piedra de la ciudad quedaba atrás y era sustituida por senderos de tierra húmeda que ascendían entre laderas cubiertas de arbustos de té, muros de contención y pequeños canales donde el agua descendía desde las montañas. Desde lejos, las Terrazas de Midori parecían funcionar con absoluta normalidad: las plantaciones cubrían las pendientes en franjas verdes perfectamente ordenadas, el arroyo de riego atravesaba el valle con un murmullo constante y algunas estructuras de madera se levantaban junto a los caminos para secar las hojas recién recolectadas. Sin embargo, conforme la distancia se reducía, algo comenzaba a resultar incómodo. No se escuchaban conversaciones, golpes de herramientas, animales de carga ni los gritos habituales de quienes trabajaban en una cosecha. Para una extensión agrícola de aquel tamaño, el silencio era demasiado completo. Las primeras terrazas confirmaban aquella impresión. Había cestas apoyadas junto a los arbustos, tijeras de recolección abandonadas sobre muros bajos y montones de hojas cortadas esperando ser trasladados, algunas todavía lo bastante frescas como para conservar la humedad de la mañana. En los secaderos, varias bandejas permanecían extendidas bajo los cobertizos como si alguien hubiese interrumpido el trabajo a mitad del proceso; incluso uno de los pequeños carros u
[Side Quest] Side Quest: Los Cajones del Mar Día 06 de Otoño, del año 150: Los Almacenes del Té se levantaban junto al Muelle Mayor como una extensión natural del puerto, enormes galpones de madera por cuyas puertas entraban y salían trabajadores cargando sacos, cajas y documentos. El edificio de techo azul que Hōjiro había indicado resultaba fácil de reconocer entre los demás, no solo por el color, sino porque parecía concentrar buena parte del movimiento administrativo del lugar. Allí dentro, el aroma del té seco se mezclaba con la humedad marina y el sonido constante de hojas pasando, cajones arrastrándose y voces cruzándose entre una mesa y otra. Al fondo del galpón, detrás de un escritorio demasiado pequeño para la cantidad de papeles acumulados sobre él, un hombre de mediana edad revisaba una serie de manifiestos mientras mojaba periódicamente la punta de su pincel en un pequeño tintero. Tenía las mangas recogidas, el cabello sujeto hacia atrás y la expresión de alguien que llevaba varias horas resolviendo problemas ajenos. No parecía especialmente sorprendido por la llegada de más gente; simplemente levantó la mirada cuando los vio aproximarse. —Si están buscando a Tadashi, soy yo. —dejó el pincel a un lado y cerró con cuidado el libro que tenía delante—. —Hōjiro suele mandar gente hasta aquí sin avisarme- Su tono no era hostil, aunque tampoco parecía dispuesto a adelantarse a explicar nada sin saber exactamente qué buscaban. Señaló el espacio frente al escritorio y añ
● Nombre de la Misión: Intercambio ● Información de la Misión: El señor Takashima ha vendido unas joyas generaracionales de alto valor que ha estado en su familia por siglos y es hora de hacer el intercambio, se van a reunir en una plaza pero el señor teme que pueda ser estafado o robado en el camino por lo que se solicita un escolta para cuidarlo durante el trayecto de ida, el momento del trueque y la vuelta hasta que llegue a casa sano y salvo con su dinero. Es una misión relativamente segura pues se realizará dentro de la aldea. ● Rango y Tipo de la Misión: Misión Autonarrada de Rango D ● Fecha y Lugar: 40 Verano 150 en Zona Comercial de Kiri ● Cantidad de Usuarios: RIn to Rei ● Cantidad máxima de horas por ronda: Solitario
● Nombre de la Misión: El dojo ocupado ● Información de la Misión: Un antiguo dojo situado en una zona poco transitada de Konoha llevaba varios meses abandonado hasta que dos bandidos comenzaron a utilizarlo como refugio. Durante los últimos días ambos han sido relacionados con varios robos y asaltos cometidos en los alrededores. Se requiere un shinobi para acudir al lugar, detener a los responsables y desalojar el edificio. ● Rango y Tipo de la Misión: Misión Rango C Autonarrada ● Fecha y Lugar: Día 10 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato ● Cantidad de Usuarios: 1 - Kuroto Uchiha ● Cantidad máxima de horas por ronda: -
Misión ● Nombre de la Misión: Pandilla Tritón ● Información de la Misión: Se sabe que hay una pandilla que se está haciendo de renombre en Kiri por extorsión, hurto, atraco, entre otros crímenes, las noticias llegaron a los altos cargos de la aldea y quieren que les pongan un alto antes de que se salgan de control. ● Rango y Tipo de la Misión: Misión simple Rango C ● Fecha y Lugar: 35 Verano 150 ● Cantidad de Usuarios: Kishue ● Cantidad máxima de horas por ronda: 72 Horas La misión reunió nuevamente a Kishue, Rin y Rei en el ayuntamiento. Esta vez no se trataba de proteger un establecimiento y esperar a que los criminales aparecieran, sino de aprovechar la información obtenida durante la captura anterior para terminar con ellos. Los nueve detenidos habían confirmado la existencia de Los Tres Arpones, pero los interrogatorios posteriores revelaron que la banda no se encontraba sola. Otro grupo empezaba a compartir sus negocios y parte de su territorio: la Pandilla Tritón. El encargado extendió sobre la mesa un mapa de los canales orientales. Una marca señalaba el antiguo almacén de salazón situado al final del canal, detrás del mercado de pescado abandonado. La ubicación provenía de las preguntas realizadas por Kishue después del ataque al Akai Koi y coincidía con declaraciones de comerciantes que habían visto movimiento nocturno en la zona. Daigo, dirigente de Los Tres Arpones, utilizaba el edificio como punto de reunión y depósito de mercancía robada. La Pandilla Tritón pose
Un mal día lo puede tener cualquier pero ¿no saber seguir un puto mapa?, mira que Kinzo pregunto por activa y pasiva por donde era pero, el tema de ubicarse aún se le hacía muy cuesta arriba, era la primera vez que salía de su aldea y cada paso, cada rincón y cada curva era un tesoro, conocer lugares nuevos, las personas y los productos de cada sitio era increíbles, quizás este hecho ye l querer aprender de todo fuera lo que le llevo a ese recóndito sitio, joder, si es que ni siquiera sabía dónde cojones había llegado, se hizo con un mapa de la zona pero entre la lluvia el sudor y algún que otro golpe le parecía ilegible, -Tsk, menuda mierda , aseguró casi como si fuera un susurro para sus adentros, se encontraba en lo que parecía un faro, si como cualquier persona buscaría un techo donde pasar el día y la noche antes de proseguir con su caminar, quizás, si tenía algo de suerte podría encontrar otro mapa que le ayudara a llegar al sitio correcto, el mundo era enorme y el joven chico de diecisiete años no estaba preparado para ello. Se colocó de cara a la puerta revisando la posible entrada mientras mantenía la mochila entre sus piernas, sentido en un rincón mientras observaba lo que diablos estuviera por pasar, había comido algo y aprovecharía cada momento para descansar, siempre que estuviera en calma y no oyera nada, hacía mucho hincapié en sus propios sentidos, ese lugar no era su aldea, para el muchacho todos los sitios tenían peligro, un enemigo, un bandido que quisiera
¿Sabes cómo es esa sensación?, ¿esa respiración en tu nuca cuando notas la presión de lo que tienes que hacer aunque sea peligroso?, “vamos un poco de estrés es bueno para el cuerpo”, resonó en su mente mientras el chico caminaba hacia las puertas de la aldea, podía ver aquella jaula creada dentro de su propia mente, en su palacio mental donde atesoraba todos sus recuerdos más valiosos, siempre estuvo esa cosa con él, ¿acaso era una maldición?, no lo tenía claro, hablaba con él, intentaba comprenderlo y este siempre le ponía trabas, impedimentos, casi como si lo preparara para la oscuridad propia del mundo, era una dualidad curiosa, así era como el Funato percibía todo aquello, ahora por la cuestión de los sellos tendría que salir de su aldea, buscar los sellos y actuar en consecuencia pero ¿era lo suficientemente fuerte para ello?, no lo tenía claro, tal vez si tenía la suerte suficiente podría hacer pero ¿solo?, ¿no iría con nadie?, aviso a sus conocidos de cara a ver si podían acompañarle, su mentora Arako, Enjo y Douma, las personas con las que más tiempo paso en la villa, sin embargo parecían estar muy ocupados, esperaría en la puerta por si alguien aparecía pero, no tenía demasiada fe en ello. “Enserio ¿tendrás los cojonazos de irte solo?” , resonó en su mente casi como si pretendería meterle miedo al chico, a fin de cuentas era su consciencia, intentado avisarle de los posibles peligros que existían en el mundo, claro que Kinzo no sabía nada del mundo exterior pero ¿ac
Viene de: Aquí Yokubari Ben abandonó Konoha durante la mañana del primer día de otoño y dejó atrás sus murallas sin mirar una sola vez por encima del hombro. Durante buena parte de aquella jornada atravesó el País del Fuego siguiendo caminos secundarios y rutas comerciales, avanzando con la constancia mecánica de alguien acostumbrado a medir las distancias en horas de marcha y no en kilómetros. Apenas se detuvo para comer, fumar o revisar el equipo. Al caer la tarde alcanzó uno de los puertos orientales y consiguió lugar en un navío que partía hacia el País de las Olas, pasando la noche sobre cubierta mientras el bosque desaparecía lentamente detrás del horizonte. Tras desembarcar en el País de las Olas, cruzó durante horas caminos costeros, pequeños asentamientos y tramos de terreno que todavía conservaban cicatrices de todo lo ocurrido allí semanas atrás. No buscó compañía ni hizo preguntas innecesarias; llevaba provisiones suficientes y una dirección clara. Caminó hasta bien entrada la noche antes de detenerse finalmente lejos de cualquier villa, donde improvisó un campamento mínimo junto al camino. Encendió un fuego pequeño, comió sin ceremonia y pasó buena parte de la noche sentado frente a las brasas con un cigarrillo entre los dedos, durmiendo apenas lo necesario antes de volver a ponerse en pie. Durante el final del segundo día terminó de cruzar el resto del País de las Olas hasta alcanzar otro puerto comercial. Allí encontró un navío mercante que navegaba hacia el Pa
● Nombre de la Misión: Reconstrucción a la Fuerza ● Información de la Misión: Una construcción situada en una de las zonas de expansión de Konohagakure ha sufrido varios retrasos debido a la falta de personal para trasladar materiales y reorganizar parte de la estructura antes de continuar con las obras. Los trabajadores han solicitado la ayuda de un shinobi para colaborar con las tareas. ● Rango y Tipo de la Misión: Autonarrada - Rango D ● Fecha y Lugar: Verano 33 del 150 - Konohagakure no Sato ● Cantidad de Usuarios: 1 ● Cantidad máxima de horas por ronda: -
Día 01 de Otoño, 150 Fecha off-rol de salida: 08/09/2026 El primer día de otoño encontró a Yokubari Ben frente a las puertas de Konoha antes de que el movimiento habitual de la aldea terminara de despertar. Llevaba la armadura puesta, su escudo en brazo, el equipaje reducido a lo indispensable y un cigarrillo consumiéndose lentamente entre los dedos. Había recibido suficiente información sobre lo ocurrido tras el País de las Olas para comprender lo importante: Kirigakure también buscaba los Sellos y, mientras los más jóvenes podían discutir sobre las consecuencias de aquella guerra, para él la situación era mucho más sencilla. El enemigo había recibido una orden. Konoha también. Y Ben sabía perfectamente qué hacer cuando existían órdenes. El País de las Montañas sería su destino. Nuevas tierras, rutas todavía poco conocidas y demasiados lugares donde algo relacionado con los Sellos podía haber permanecido oculto durante generaciones. Ben no necesitaba saber si encontraría allí una pista, un enemigo o simplemente otra montaña que cruzar; bastaba con saber que Kirigakure podía estar buscando exactamente lo mismo. Ajustó uno de los guanteletes, dejó caer el cigarrillo al suelo y lo apagó bajo la bota antes de echar a andar. Bajo la armadura, oculto contra su pecho, el anillo de su esposa golpeó suavemente la cadena con cada paso. —Si quieren esos Sellos, van a tener que llegar antes que yo.
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