Off Mostrar Nota de autor: Recomiendo leer con la musica puesta de fondo para ambientar pero tambien recomiendo esperar a que termine de reproducirse antes de pasar a la siguiente o en su defecto pausarla para mejor experiencia juejejejeje 23 de Verano, Año 18 6:58 AM La mañana en el puerto más alejado de Chastushka era un auténtico dolor de cabeza. El viento soplaba desde el norte con una fuerza brutal, arrastrando ráfagas de nieve fina que se clavaban como agujas en la piel. Quizá para muchos el clima era solo un contratiempo, pero para un tontatta esto era un verdadero infierno. Montículos de nieve que superan tres veces mi tamaño, tablas de madera podridas y congeladas donde podría caerme en una zanjita, rafagas de viento que me sacarían volando, etc. Por suerte para mí, uno de mis compañeros de escuadrón se había dignado a llevarme en su hombro. Estaba asignado como soldado raso al pelotón del sargento Vane. Éramos seis marines en total, apostados detrás de una barricada improvisada con cajones de bacalao salado y redes de pesca congeladas. Según los informes que nos habían bajado desde el cuartel general antes del amanecer, un pequeño grupo de contrabandistas que viajaban desde la isla Centaurea iba a desembarcar mercancía ilegal en este muelle abandonado. El sargento Vane, un tipo enorme de casi dos metros con una barba poblada de escarcha, miraba hacia el horizonte con un catalejo. Yo estaba parado justo sobre una caja de madera a su lado, intentando mirar hacia el ho
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30 de Verano Año 18 Cuarto de Tenoch / Niebla de Guerra 8:05 AM Ya habían pasado unos meses largos desde que el idiota de Grim y sus acompañantes intentaron quitarnos la isla….ahora el muy imbécil reposaba en las cochineras de Ashura, va no se si sigue allí, tal vez ya se murió, sinceramente eso no importa, pues hacia rato que tenia algo en mente y había llegado el momento de darle forma. Me levante temprano, como suelo hacer, mire el reloj y vi que eran las ocho con cinco minutos de la mañana, me estire fuerte en mi cama y me puse de pie de un salto, me acerque al escritorio donde suelo tener un cuenco de agua fresca para lavarme y así fue, me limpie la cara, me cepille los dientes, me afeite el bigote, maldita sea, que buen bigote que tengo, pense, mientras le devolvía una sonrisa al espejo, luego me aplique mi Eu de Coco, mi perfume favorito que no podía faltarme. Fui al armario y me puse unas botas blancas, unos pantalones de color negro y una sudadera negra, tambien me puse mi mascara y le aprete bien las cuerdas de esta, para evitar que se saliera. Salí de mi habitación y suspiré profundo dejando que el sol me bañara el cuerpo, sacudí mis alas de birkaniano y vi el reloj una vez más para notar que eran las ocho y cuarenta y siete de la mañana, tenia hambre así que me fui a desayunar. Salte del Niebla a tierra y me dirigí a una cantina que ya frecuentaba, se llamaba “Ken y Omar” pero a mi me gustaba llamarla “Kenyomar” todo junto, era más sencillo. El camino desde el Nie
Día 12, Invierno. Año 15. 11:27pm. Un silencioso Jin caminaba tranquilamente. A sus espaldas otros dos parecían acompañarlo. Los tres eran hombres trajeados, uno de ellos más alto que el propio Jin, el otro prácticamente de la misma altura que el yakuza, solo que un par de milímetros por debajo. Uno, calvo con gafas de sol, pese a la hora nocturna, tenía el tatuaje de un dragón a un lado de su calvicie y el otro era de cabello oscuro, ligeramente elevado posiblemente por algún tipo de crema. Jin, sin embargo, estaba como de costumbre impecable. Traje perfecto, oscuro, con su respectivo chaleco del mismo color, una camisa en el interior blanca y, para finalizar, una corbata perfectamente acomodada. Su cabello solo dejaba entrever unos ligeros mechones en el lado de su cicatriz, que era perfectamente visible pese a todo, y al peinado perfectamente arreglado, como ya era de costumbre para el varón de tez pálida. Lo último que lo acompañaba era una katana en su lado izquierdo, en el mismo cinturón, guardado perfectamente en el interior de su vaina. -Vestimenta- Jin mantenía un semblante sereno, falto de expresividad y eso, lejos de resultar calmado, parecía alertar a los dos hombres que lo acompañaban, quienes para otros podían verse calmados. Jin, sin embargo, los conocía lo suficiente y percibía más que de sobra para saber qué podría estar ocurriendo. Sus pasos seguían hacia delante, del mismo modo que su mirada que seguía al frente, pero el yakuza dejó entrever su voz grave y
Off Mostrar Nota de autor: Recomiendo leer con la musica puesta de fondo para ambientar pero tambien recomiendo esperar a que termine de reproducirse antes de pasar a la siguiente o en su defecto pausarla para mejor experiencia juejejejeje 23 de Verano, Año 18 6:58 AM La mañana en el puerto más alejado de Chastushka era un auténtico dolor de cabeza. El viento soplaba desde el norte con una fuerza brutal, arrastrando ráfagas de nieve fina que se clavaban como agujas en la piel. Quizá para muchos el clima era solo un contratiempo, pero para un tontatta esto era un verdadero infierno. Montículos de nieve que superan tres veces mi tamaño, tablas de madera podridas y congeladas donde podría caerme en una zanjita, rafagas de viento que me sacarían volando, etc. Por suerte para mí, uno de mis compañeros de escuadrón se había dignado a llevarme en su hombro. Estaba asignado como soldado raso al pelotón del sargento Vane. Éramos seis marines en total, apostados detrás de una barricada improvisada con cajones de bacalao salado y redes de pesca congeladas. Según los informes que nos habían bajado desde el cuartel general antes del amanecer, un pequeño grupo de contrabandistas que viajaban desde la isla Centaurea iba a desembarcar mercancía ilegal en este muelle abandonado. El sargento Vane, un tipo enorme de casi dos metros con una barba poblada de escarcha, miraba hacia el horizonte con un catalejo. Yo estaba parado justo sobre una caja de madera a su lado, intentando mirar hacia el ho
30 de Verano Año 18 Cuarto de Tenoch / Niebla de Guerra 8:05 AM Ya habían pasado unos meses largos desde que el idiota de Grim y sus acompañantes intentaron quitarnos la isla….ahora el muy imbécil reposaba en las cochineras de Ashura, va no se si sigue allí, tal vez ya se murió, sinceramente eso no importa, pues hacia rato que tenia algo en mente y había llegado el momento de darle forma. Me levante temprano, como suelo hacer, mire el reloj y vi que eran las ocho con cinco minutos de la mañana, me estire fuerte en mi cama y me puse de pie de un salto, me acerque al escritorio donde suelo tener un cuenco de agua fresca para lavarme y así fue, me limpie la cara, me cepille los dientes, me afeite el bigote, maldita sea, que buen bigote que tengo, pense, mientras le devolvía una sonrisa al espejo, luego me aplique mi Eu de Coco, mi perfume favorito que no podía faltarme. Fui al armario y me puse unas botas blancas, unos pantalones de color negro y una sudadera negra, tambien me puse mi mascara y le aprete bien las cuerdas de esta, para evitar que se saliera. Salí de mi habitación y suspiré profundo dejando que el sol me bañara el cuerpo, sacudí mis alas de birkaniano y vi el reloj una vez más para notar que eran las ocho y cuarenta y siete de la mañana, tenia hambre así que me fui a desayunar. Salte del Niebla a tierra y me dirigí a una cantina que ya frecuentaba, se llamaba “Ken y Omar” pero a mi me gustaba llamarla “Kenyomar” todo junto, era más sencillo. El camino desde el Nie
Día 45 Verano, Año 18 Puerto Baquella, Isla Baterilla, South Blue La última noche en Baterilla fue bastante más tranquila de lo que esperaba. Por un momento pensé que me costaría bastante dormir ante la idea de abandonar la isla, pero aun asi no tarde demasiado en hacerlo. Cuando desperté al día siguiente el sol ya había comenzado a entrar por la ventana, abrí los ojos lentamente y durante unos segundos me quedé mirando el techo, todavía demasiado adormilada como para recordar por qué me había despertado tan temprano. Entonces sentí algo moverse alrededor de mi cuello y bajé la mirada viendo a Furia - Buenos días- murmuré mientras la observaba. No me respondió aunque tampoco esperaba que lo hiciera, solo se limitó a moverse ligeramente antes de volver a acomodarse. Me quedé unos segundos acariciándola distraídamente hasta que finalmente recordé lo que tenía que hacer aquel día - Hoy sí nos vamos – Dije con un tono tranquilo y Furia levanto la cabeza – No me mires así, ayer ya te lo dije – Comente y me levanté de la cama para comenzar a prepararme. Esta vez no había ninguna excusa para retrasarlo… Había pasado meses diciéndome que algún día continuaría mi viaje y ahora que finalmente había llegado ese momento no pensaba volver a echarme atrás. Guardé las últimas cosas en la mochila, comprobé varias veces que llevaba el cuaderno y el lápiz, revisé las provisiones y llené la cantimplora. Antes de cerrar la mochila me quedé mirando durante unos segundos una pequeña concha que hab
63 de Otoño del año 13 21:44. Ciudad Gear. Toda la primavera y todo el verano. Noventa días cada uno... ciento ochenta días en total, más los sesenta y tres que habían pasado del otoño. Eso hacían un total de doscientos cuarenta y tres días separado de la caravana y mi gente. Doscientos cuarenta y tres días por otro lado trabajando de friegaplatos en una taberna de mala muerte en Ciudad Gear ¡y se suponía que así me convertiría en un hombre! Si tenía que pasar tres cuartas partes de mi día aquí metido trabajando para ganar cuatro míseros berrys y poder pagarme alojamiento... ¡la vida en una ciudad era una ruina!. Si en esto iba a consistir mi Aramenté, mi viaje sagrado para convertirme en un hombre, no lo necesitaba. La vida en las caravanas era mucho más sencilla: lavaban los que tenían que lavar, y dormíamos todos en nuestras tiendas. Gratis. Otra pila de platos sucios se colocó al lado de los que estaba fregando, haciéndome suspirar con desánimo mientras frotaba la salsa de almeja incrustada en la porcelana que tenía en las manos. Grigori picó dos veces la ventana desde fuera, esperándome como siempre a que saliera de ahí — Hola colega-hmm — dije sonriendo, fingiendo que todo estaba bien — Esta noche volaremos un rato por las afueras ¿vale? No me queda mucho de turno — añadí, sacando el plato limpio y metiendo la nueva montaña de platos en el interior, viendo como Grigori me miraba con atención desde fuera, sin saber realmente si me estaba escuchando o no. Estaba convencid
Día 12, Invierno. Año 15. 11:27pm. Un silencioso Jin caminaba tranquilamente. A sus espaldas otros dos parecían acompañarlo. Los tres eran hombres trajeados, uno de ellos más alto que el propio Jin, el otro prácticamente de la misma altura que el yakuza, solo que un par de milímetros por debajo. Uno, calvo con gafas de sol, pese a la hora nocturna, tenía el tatuaje de un dragón a un lado de su calvicie y el otro era de cabello oscuro, ligeramente elevado posiblemente por algún tipo de crema. Jin, sin embargo, estaba como de costumbre impecable. Traje perfecto, oscuro, con su respectivo chaleco del mismo color, una camisa en el interior blanca y, para finalizar, una corbata perfectamente acomodada. Su cabello solo dejaba entrever unos ligeros mechones en el lado de su cicatriz, que era perfectamente visible pese a todo, y al peinado perfectamente arreglado, como ya era de costumbre para el varón de tez pálida. Lo último que lo acompañaba era una katana en su lado izquierdo, en el mismo cinturón, guardado perfectamente en el interior de su vaina. -Vestimenta- Jin mantenía un semblante sereno, falto de expresividad y eso, lejos de resultar calmado, parecía alertar a los dos hombres que lo acompañaban, quienes para otros podían verse calmados. Jin, sin embargo, los conocía lo suficiente y percibía más que de sobra para saber qué podría estar ocurriendo. Sus pasos seguían hacia delante, del mismo modo que su mirada que seguía al frente, pero el yakuza dejó entrever su voz grave y
Día 45 Verano, Año 18 Puerto Baquella, Isla Baterilla, South Blue La última noche en Baterilla fue bastante más tranquila de lo que esperaba. Por un momento pensé que me costaría bastante dormir ante la idea de abandonar la isla, pero aun asi no tarde demasiado en hacerlo. Cuando desperté al día siguiente el sol ya había comenzado a entrar por la ventana, abrí los ojos lentamente y durante unos segundos me quedé mirando el techo, todavía demasiado adormilada como para recordar por qué me había despertado tan temprano. Entonces sentí algo moverse alrededor de mi cuello y bajé la mirada viendo a Furia - Buenos días- murmuré mientras la observaba. No me respondió aunque tampoco esperaba que lo hiciera, solo se limitó a moverse ligeramente antes de volver a acomodarse. Me quedé unos segundos acariciándola distraídamente hasta que finalmente recordé lo que tenía que hacer aquel día - Hoy sí nos vamos – Dije con un tono tranquilo y Furia levanto la cabeza – No me mires así, ayer ya te lo dije – Comente y me levanté de la cama para comenzar a prepararme. Esta vez no había ninguna excusa para retrasarlo… Había pasado meses diciéndome que algún día continuaría mi viaje y ahora que finalmente había llegado ese momento no pensaba volver a echarme atrás. Guardé las últimas cosas en la mochila, comprobé varias veces que llevaba el cuaderno y el lápiz, revisé las provisiones y llené la cantimplora. Antes de cerrar la mochila me quedé mirando durante unos segundos una pequeña concha que hab
63 de Otoño del año 13 21:44. Ciudad Gear. Toda la primavera y todo el verano. Noventa días cada uno... ciento ochenta días en total, más los sesenta y tres que habían pasado del otoño. Eso hacían un total de doscientos cuarenta y tres días separado de la caravana y mi gente. Doscientos cuarenta y tres días por otro lado trabajando de friegaplatos en una taberna de mala muerte en Ciudad Gear ¡y se suponía que así me convertiría en un hombre! Si tenía que pasar tres cuartas partes de mi día aquí metido trabajando para ganar cuatro míseros berrys y poder pagarme alojamiento... ¡la vida en una ciudad era una ruina!. Si en esto iba a consistir mi Aramenté, mi viaje sagrado para convertirme en un hombre, no lo necesitaba. La vida en las caravanas era mucho más sencilla: lavaban los que tenían que lavar, y dormíamos todos en nuestras tiendas. Gratis. Otra pila de platos sucios se colocó al lado de los que estaba fregando, haciéndome suspirar con desánimo mientras frotaba la salsa de almeja incrustada en la porcelana que tenía en las manos. Grigori picó dos veces la ventana desde fuera, esperándome como siempre a que saliera de ahí — Hola colega-hmm — dije sonriendo, fingiendo que todo estaba bien — Esta noche volaremos un rato por las afueras ¿vale? No me queda mucho de turno — añadí, sacando el plato limpio y metiendo la nueva montaña de platos en el interior, viendo como Grigori me miraba con atención desde fuera, sin saber realmente si me estaba escuchando o no. Estaba convencid
Día 38 Verano, Año 18 Hora: 09:00 am Isla Chika, Refugio Subterráneo La mañana era algo que, ciertamente, no sabía cómo identificar allí más allá de la actividad social de sus habitantes, en aquel refugio subterráneo no existía un verdadero amanecer, solo una vida artificial creada para garantizar la supervivencia de cualquiera que habitara en aquella extraña isla llamada Chika. Las luces distribuidas entre los túneles, pasajes e incluso sobre los mismos techos no eran más que proyecciones luminosas bajo tierra, no había un cielo que contemplar ni un sol que marcara el paso de las horas, era como vivir en una eterna noche, dentro de una civilización construida alrededor de maquinaria reutilizada, sistemas encargados de purificar el oxígeno, tratar los cultivos de los invernaderos y producir los insumos necesarios para subsistir, y aun así, la riqueza para cambiar sus circunstancias no parecía ser un objetivo al que sus habitantes aspiraran. Habían pasado algunos días desde nuestra llegada a aquella isla, bautizada como “Basurapolis” como solían llamarla Merlot y Hyák, y de verdad no era un nombre del todo desacertado, por dondequiera que miráramos encontrábamos estructuras, herramientas y objetos creados a partir de materiales reciclados. En las lejanías de la ciudad, justo en uno de los extremos que conectaban con la intrincada red de cuevas, me encontraba sentada sobre unas rocas apiladas que me brindaban una vista casi completa de aquella peculiar ciudad, me había alejado
La palabra que no conocia Birka y Shandora, Skypiea Algunas veces la vida da giros tan inesperados que nos dejan todo de cabeza… Y tal vez era por los tragos que había tomado hacía un par de días en las gradas, o por aquella noche entera que estuvo en el cielo girando para dominar un poco más del Hasshoken, pero lo que era seguro era que se encontraba agotado. Un cansancio viejo, de los que no se quitan durmiendo. Su respiración se agitó por un instante, y aquello hizo que Silencio, quien dormía sobre su regazo, protestara al aire por el simple hecho de ser levantado, como exigiéndole al burro que aún no podían levantarse. Zhang movió la mano con delicadeza y acarició a su pequeño amigo, que lo había acompañado en Birka a entrenar toda la noche y que ahora se cobraba el sueño perdido. Antes de abrir el ojo, ya estaba escuchando. Lo hacía siempre, desde hacía tantos años que ni siquiera recordaba haberlo decidido; primero el mundo, después la vista. Escuchó las aves en el cielo, y aunque aquel sonido no era muy diferente al de abajo, agradeció la simpleza del momento. La luz se colaba por la ventana de aquella vivienda que les habían otorgado para pasar la semana, y al igual que al burro, parecía que todos estaban aprovechando la estadía en el lugar, pues pese a haber pasado ya la hora del almuerzo, nadie parecía estar en casa. ¿Era eso su casa? Recordó por un instante el Wu Wei, y pensó que, de ser posible, tenía que acercarse a verlo con sus propios ojos, para prevenir o rep
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