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Shinobi Gaiden

shinobigaiden.net

MyBB forum in Spanish. 11 sections tracked: Fortaleza Shoseki, Pais del Te, Misiones, Pais de las Olas, Zona Comercial, Zona Residencial, Kirigakure no Sato, Zona Comercial, Zona Residencial, Pais del Agua and Konohagakure no Sato.

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Nos Ahogaremos Nos Ahogaremos En El Mar Nos Ahogaremos

El viaje por tierra terminó en un pequeño puerto desde donde el grupo debía continuar la búsqueda de los Sellos. La embarcación asignada no era especialmente grande, aunque poseía espacio suficiente para transportar a los shinobi, la tripulación y las provisiones necesarias durante varios días. Kishue fue uno de los primeros en subir. El olor a sal, madera húmeda y redes viejas le resultó mucho más familiar que cualquier sendero que hubieran recorrido hasta entonces. El Kanabō no Samehada causó algunos problemas antes de abandonar el muelle. Su tamaño y peso impedían dejarlo apoyado en cualquier sitio sin estorbar el paso, de modo que Kishue terminó asegurándolo cerca del mástil con varias cuerdas gruesas. Probó cada nudo tirando con ambas manos y colocó una protección entre el metal y la madera para evitar que el movimiento del barco los hiciera golpearse. El garrote parecía menos un arma guardada que otro pasajero particularmente desagradable. — Tú te quedas aquí hasta que aparezca algo que necesite ser golpeado. —le indicó, apoyando una mano sobre la cabeza de tiburón del arma—. Y no intentes caer sobre nadie. Ya eres bastante difícil de explicar sin aplastar a un marinero. La primera jornada transcurrió sin grandes dificultades. Kirigakure desapareció poco a poco detrás de su niebla y luego también lo hizo la costa, dejando al barco rodeado únicamente por agua. Kishue pasó buena parte del tiempo sobre la cubierta, ayudando cuando la tripulación necesitaba mover provisione

[Viaje] Nadaremos Nadaremos Por El Mar Nadaremos

Kishue comunicó la noticia a su madre la noche anterior al viaje. No intentó presentarla como otra misión cotidiana ni aseguró que regresaría para la cena, pues esta vez ni siquiera él conocía la distancia que tendría que recorrer. La búsqueda de los Sellos podía decidir el futuro de Kirigakure y la seguridad de quienes vivían dentro de ella. Aquello bastaba para obligarlo a partir, aunque no para responder la pregunta más difícil: cuándo volvería a cruzar aquella puerta. — No sé cuánto tardaremos, pero no voy solo. —le explicó, procurando que su sonrisa pareciera más segura de lo que se sentía—. Rin y Rei vienen conmigo. Encontraremos los Sellos y regresaremos en cuanto terminemos. No tienes que preocuparte demasiado... solo la cantidad normal. Su madre no aceptó aquella diferencia entre preocuparse mucho o una cantidad normal, pero tampoco intentó impedirle marcharse. En su lugar, ocupó la cocina y preparó comida suficiente para un viaje considerablemente más largo del que Kishue esperaba. Arroz comprimido, pescado seco, frutas conservadas y varios paquetes que debía mantener protegidos de la humedad terminaron dentro de su equipaje. Cada vez que él creía haber cerrado la mochila, aparecía una provisión adicional que, según ella, resultaba indispensable. Kishue se levantó antes del amanecer y revisó todo su equipo. Distribuyó los kunai, las nudilleras, el hilo y las herramientas de viaje en lugares donde pudiera alcanzarlos sin retirar la mochila. Aseguró la esfera de Mekka

[Misión D] Guardia temporal

aprobada aqui Fecha y Lugar: Día 04 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato - Puertas de la Adea El calor sutil del verano comenzaba a sentirse con fuerza en las primeras horas del día. A los pies de la monumental estructura de madera y piedra que resguardaba la entrada principal de Konohagakure no Sato, el movimiento de transeúntes, mercaderes y patrullas locales mantenía un ritmo constante pero apacible. Sin embargo, un par de decenas de metros al este de la calzada principal, la dinámica era sustancialmente más tranquila. Allí se erigía una torre secundaria de vigilancia: una estructura elevada de madera de cedro tratada, equipada con una barandilla de protección, un tejado de tejas oscuras y un pequeño puesto en la base equipado con un escritorio de registro, un libro de actas y un depósito pequeño de herramientas. En la cima del puesto, resguardado de la luz solar directa por la sombra del tejado, pasaría Akira Hyūga. El Chunin vestía sus característicos pantalones oscuros de combate sujetos con el fajín granate y la amplia capa blanca sobre el chaleco táctico reglamentario, prescindiendo por completo de guanteletes de hierro. La banda ninja descansaba de forma holgada alrededor de su cuello. Con los brazos apoyados sobre la balaustrada de madera, observaba el límite exterior del bosque que rodeaba la aldea. Sus ojos perlados, limpios de cualquier marca, escaneaban el follaje de forma metódica. A su lado, recostado sobre el borde superior de la barrera de madera, M

[Viaje] - Nos vamos de paseo pi pi pi

Una mochila ligera con sus armas, algo de comida y equipo de exploración. Unas sandalias bien ajustadas, sus armas afiladas, pulidas y perfectamente enceradas, además de alguna que otra cosa más escondida dentro de la mochila. Montones de sandías, un jugo batido de sandía, proteína en barra de caramelo, galletas de mantequilla para el viaje, frutos secos para compartir, un termo con agua caliente y dos sandías más para compartir. También llevaba un bolso de viaje para el perro, lleno de croquetas y sandias. Kiro, esta vez, también iba equipado. Llevaba consigo dulces de sandía, mermeladas de sandía en frascos, depósitos de bambú con sandía confitada, unas compresas frías para mantener las sandías frescas, una preparación de cuero de pulpa de sandía, unas galletas de sabor a sandía (invención de Elena, su criada), unos caramelos de mango combinados con otros de sandía, potes de frutas confitadas, potes de frutos secos acompañados con sandía deshidratada, cáscaras de sandía confitadas y crocantes. Y, para que no fuera todo tan dulce, también tenía pepino a montones. Porque, ¿sabían que el pepino sabe igual que la parte clara de la sandía? También llevaba algo de carne seca para acompañar, una tienda de campaña portátil y algunas armas extra que le habían proporcionado. Estaba lista. ¿Y espacio para la ropa? - preguntó Elena antes de dejarla en la puerta de la aldea. - ¿Para qué? Si usaré lo mismo de siempre - respondió Ibuki, señalando sus prendas, todas viejas y desgastadas -

[Petición Misión D] Guardia temporal

● Nombre de la Misión: Guardia temporal ● Información de la Misión: Uno de los puestos secundarios de vigilancia de Konoha necesita cubrir una ausencia durante unas horas. Se requiere un shinobi para permanecer en el puesto durante el turno. ● Rango y Tipo de la Misión: Rango D ● Fecha y Lugar: Día 04 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato - Puertas de la Adea ● Cantidad de Usuarios: 2 - Kuroto Uchiha + Narrador Tenseigan-kun ● Cantidad máxima de horas por ronda: 24h

[Petición Misión D] Guardia temporal

● Nombre de la Misión: Guardia temporal ● Información de la Misión: Uno de los puestos secundarios de vigilancia de Konoha necesita cubrir una ausencia durante unas horas. Se requiere un shinobi para permanecer en el puesto durante el turno. ● Rango y Tipo de la Misión: Rango D ● Fecha y Lugar: Día 04 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato - Puertas de la Adea ● Cantidad de Usuarios: 2 - Kuroto Uchiha + Narrador Tenseigan-kun ● Cantidad máxima de horas por ronda: 24h

¡Alto! El mar está picado.

01 de Otoño del 150. Naturaleza. Tan impredecible como caótica. Su furia a veces parece un simple capricho que ni los mejores navegantes o estudiosos del clima pueden anticipar con suficiente precisión como para dictaminar cuándo es seguro cruzar el mar y cuándo no. El trayecto hacia el País de las Montañas se vio truncado casi tan rápido como inició. Como si no fueran suficientes los temblores en el cuerpo del mestizo ni la profunda sudoración que intentaba contener al saberse transitando por encima de un abismo inexplorado, una tormenta obligó al barco en el que Amida Heizu y su hijo navegaban a desviarse de su ruta y buscar refugio antes de continuar hacia su destino. No se sabía cuánto tiempo pasaría antes de que fuera seguro volver a navegar; lo cierto era que, para alivio del cuerpo del menor, ambos, padre e hijo, habían terminado en un sitio protegido de la Fortaleza Shoseki.

[Viaje] Hacia el País de las Montañas.

01 de Otoño del 150. Mudanza Habían pasado varias semanas desde la reunión de Kirigakure, desde que el Mizukage había convocado a los militares de la aldea y expuesto la realidad de la situación, así como la nueva prioridad compartida por todos sus shinobi: encontrar y estudiar los sellos relacionados con el chakra corrupto. Con apenas catorce años, Hachibi había recibido instrucciones de trasladarse al País de las Montañas. Por primera vez en su vida abandonaría el País del Agua no para cumplir un encargo de unos cuantos días, sino para permanecer una temporada lejos de su tierra natal. Había empacado algo de ropa, sus artículos de aseo más básicos y cuanto consideró indispensable para trabajar. El resto podía esperar en casa. Para su sorpresa, sin embargo, no tendría que hacerlo solo. Amida Heizu, su padre, había sido destinado a la misma región. Durante su estancia, ambos servirían como enlace con Inteligencia de Kirigakure, bajo la coordinación de Masaru Heizu, realizando labores de investigación y trabajo de campo mientras la aldea intentaba localizar cualquier rastro relacionado con los sellos.

tarde de intermbios

El patio de la Academia de Kirigakure mantenía su habitual llovizna gris, esa que se te pega a la túnica y te cala los huesos sin prisa pero sin pausa. Me senté en uno de los escalones de piedra húmeda, apoyando la espalda contra la pared fría mientras sostenía un trozo de madera astillada que había rescatado de los muelles durante mi mediocre trabajo de carpintería naval. Con un trozo de carbón gastado, escribí en letras torcidas pero legibles: «SE HACEN INTERCAMBIOS». Coloqué el improvisado cartel justo frente a mis sandalias embarradas y me crucé de brazos, esperando a que el libre mercado hiciera su magia. A fin de cuentas, la economía de este servidor me tenía asfixiado: apenas dos mil míseros Ryos en el bolsillo y unos tristes siete Tobis que no me alcanzaban para comprar nada decente en la tienda. Si quería salir de este pozo de pobreza, conseguir la bendita experiencia para subir de nivel y rascar algo que me permitiera sobrevivir, tenía que ponerme creativo. Los estudiantes y los ninjas de rango bajo pasaban de largo, esquivando el charco que se formaba a mis pies. Sus miradas oscilaban entre la burla descarada y la pura preocupación por mi salud mental. No los culpaba; algo en mi cara o en mi actitud irritante siempre parecía generar un rechazo automático en la gente de este lugar. O tal vez era simplemente el hecho de ver a un Kaguya con ojeras, descalzo de un pie para sacudirse el barro, ofreciendo trueques en medio de una aldea militarizada. [P.A.U.L.O.]: Se regi

[Nodo de Exploración] La Niebla Entró al Puerto

Nodo de Exploración: La Niebla Entró al Puerto Ubicación: Puerto de Rocabruma Día 57 de Otoño, del año 150: Rocabruma se abría entre acantilados, aguas frías y montañas que descendían casi directamente hasta el mar. La niebla era una presencia habitual en la zona y los trabajadores del puerto conocían perfectamente cuándo debían reducir el movimiento de embarcaciones o encender las señales del Faro del Rompeolas. Aquella tarde, una masa de niebla especialmente densa comenzó a avanzar desde el mar hacia las dársenas, cubriendo primero el rompeolas y luego los muelles exteriores. Un marinero llegó corriendo desde la Dársena de la Bruma antes de que la visibilidad desapareciera por completo. —Hay algo dentro —dijo entre jadeos—. Pensé que era un barco entrando sin permiso, pero escuché madera rompiéndose y luego algo subió al muelle. No pude verlo. Solo escuché cómo arrastraba algo detrás. Segundos después, desde el interior de la niebla, una cuerda tensada se rompió con violencia y una de las campanas del muelle cayó al suelo. La niebla continúa avanzando lentamente entre los almacenes cercanos a la costa. Desde algún punto fuera de la vista llega el sonido irregular de madera crujiendo contra piedra.

[Nodo de Exploración] El Camino Cerrado

Nodo de Exploración: El Camino Cerrado Ubicación: Ciudad de Altacumbre Día 48 de Otoño, del año 150: Altacumbre ocupaba una sucesión de terrazas, plazas y barrios construidos directamente sobre las laderas del sur. Desde sus caminos partían rutas hacia Vallepiedra y Rocabruma, además de numerosos senderos menores utilizados por comerciantes, artesanos y habitantes de las comunidades montañosas. Buena parte de estas rutas requerían mantenimiento constante debido a desprendimientos, lluvias y pequeñas fracturas producidas por los cambios de temperatura. Aquella mañana, varios carreteros encontraron bloqueado uno de los antiguos caminos secundarios hacia Rocabruma. No había ocurrido ningún derrumbe: alguien había levantado deliberadamente un muro bajo de piedras durante la noche. Sobre él descansaba una tabla donde podía leerse: «NO CONTINÚEN». —No es una orden de la ciudad —aseguró uno de los guardias enviados a revisar el lugar—. Y nadie tiene autorización para cerrar este camino. Detrás del muro, el sendero parecía completamente normal. El bloqueo puede retirarse fácilmente y no existe ningún obstáculo visible más adelante. Aun así, algunos viajeros han comenzado a utilizar una ruta distinta hasta que alguien averigüe quién colocó el aviso.

[Nodo de Exploración] Algo Camina Sobre las Nubes

Nodo de Exploración: Algo Camina Sobre las Nubes Ubicación: Ciudad de Cumbretrueno Día 39 de Otoño, del año 150: Cumbretrueno se encontraba levantada directamente sobre la espina de la Cordillera del Trueno, donde puentes de piedra comunicaban plataformas suspendidas entre barrancos y las nubes podían quedar por debajo de algunos barrios. Los habitantes estaban acostumbrados a relámpagos distantes, vientos violentos y sonidos que viajaban enormes distancias entre los picos. Durante la tarde, una gruesa capa de nubes cubrió completamente las zonas inferiores, dejando las partes más altas de la ciudad como pequeñas islas de piedra sobre un océano blanco. Desde el Mirador del Relámpago, tres trabajadores comenzaron a observar algo que se movía sobre una cresta parcialmente oculta. —Eso no es una persona —dijo uno después de varios segundos—. Es demasiado grande. La silueta desaparecía entre las nubes y volvía a surgir unos metros más adelante, avanzando lentamente hacia uno de los puentes secundarios que conectaban la ciudad con una plataforma exterior. Minutos después, un fuerte golpe resonó desde esa dirección. La niebla sigue cubriendo completamente el barranco y nadie puede determinar con certeza qué se encuentra del otro lado. Sin embargo, desde el puente continúa llegando ocasionalmente el sonido de algo pesado golpeando la piedra.

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