01 de Otoño del 150. Mudanza Habían pasado varias semanas desde la reunión de Kirigakure, desde que el Mizukage había convocado a los militares de la aldea y expuesto la realidad de la situación, así como la nueva prioridad compartida por todos sus shinobi: encontrar y estudiar los sellos relacionados con el chakra corrupto. Con apenas catorce años, Hachibi había recibido instrucciones de trasladarse al País de las Montañas. Por primera vez en su vida abandonaría el País del Agua no para cumplir un encargo de unos cuantos días, sino para permanecer una temporada lejos de su tierra natal. Había empacado algo de ropa, sus artículos de aseo más básicos y cuanto consideró indispensable para trabajar. El resto podía esperar en casa. Para su sorpresa, sin embargo, no tendría que hacerlo solo. Amida Heizu, su padre, había sido destinado a la misma región. Durante su estancia, ambos servirían como enlace con Inteligencia de Kirigakure, bajo la coordinación de Masaru Heizu, realizando labores de investigación y trabajo de campo mientras la aldea intentaba localizar cualquier rastro relacionado con los sellos.
Shinobi Gaiden
shinobigaiden.net ↗Forum MyBB en espagnol. 11 rubriques suivies : Fortaleza Shoseki, Pais del Te, Misiones, Pais de las Olas, Zona Comercial, Zona Residencial, Kirigakure no Sato, Zona Comercial, Zona Residencial, Pais del Agua et Konohagakure no Sato.
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El patio de la Academia de Kirigakure mantenía su habitual llovizna gris, esa que se te pega a la túnica y te cala los huesos sin prisa pero sin pausa. Me senté en uno de los escalones de piedra húmeda, apoyando la espalda contra la pared fría mientras sostenía un trozo de madera astillada que había rescatado de los muelles durante mi mediocre trabajo de carpintería naval. Con un trozo de carbón gastado, escribí en letras torcidas pero legibles: «SE HACEN INTERCAMBIOS». Coloqué el improvisado cartel justo frente a mis sandalias embarradas y me crucé de brazos, esperando a que el libre mercado hiciera su magia. A fin de cuentas, la economía de este servidor me tenía asfixiado: apenas dos mil míseros Ryos en el bolsillo y unos tristes siete Tobis que no me alcanzaban para comprar nada decente en la tienda. Si quería salir de este pozo de pobreza, conseguir la bendita experiencia para subir de nivel y rascar algo que me permitiera sobrevivir, tenía que ponerme creativo. Los estudiantes y los ninjas de rango bajo pasaban de largo, esquivando el charco que se formaba a mis pies. Sus miradas oscilaban entre la burla descarada y la pura preocupación por mi salud mental. No los culpaba; algo en mi cara o en mi actitud irritante siempre parecía generar un rechazo automático en la gente de este lugar. O tal vez era simplemente el hecho de ver a un Kaguya con ojeras, descalzo de un pie para sacudirse el barro, ofreciendo trueques en medio de una aldea militarizada. [P.A.U.L.O.]: Se regi
Nodo de Exploración: La Niebla Entró al Puerto Ubicación: Puerto de Rocabruma Día 57 de Otoño, del año 150: Rocabruma se abría entre acantilados, aguas frías y montañas que descendían casi directamente hasta el mar. La niebla era una presencia habitual en la zona y los trabajadores del puerto conocían perfectamente cuándo debían reducir el movimiento de embarcaciones o encender las señales del Faro del Rompeolas. Aquella tarde, una masa de niebla especialmente densa comenzó a avanzar desde el mar hacia las dársenas, cubriendo primero el rompeolas y luego los muelles exteriores. Un marinero llegó corriendo desde la Dársena de la Bruma antes de que la visibilidad desapareciera por completo. —Hay algo dentro —dijo entre jadeos—. Pensé que era un barco entrando sin permiso, pero escuché madera rompiéndose y luego algo subió al muelle. No pude verlo. Solo escuché cómo arrastraba algo detrás. Segundos después, desde el interior de la niebla, una cuerda tensada se rompió con violencia y una de las campanas del muelle cayó al suelo. La niebla continúa avanzando lentamente entre los almacenes cercanos a la costa. Desde algún punto fuera de la vista llega el sonido irregular de madera crujiendo contra piedra.
Nodo de Exploración: El Camino Cerrado Ubicación: Ciudad de Altacumbre Día 48 de Otoño, del año 150: Altacumbre ocupaba una sucesión de terrazas, plazas y barrios construidos directamente sobre las laderas del sur. Desde sus caminos partían rutas hacia Vallepiedra y Rocabruma, además de numerosos senderos menores utilizados por comerciantes, artesanos y habitantes de las comunidades montañosas. Buena parte de estas rutas requerían mantenimiento constante debido a desprendimientos, lluvias y pequeñas fracturas producidas por los cambios de temperatura. Aquella mañana, varios carreteros encontraron bloqueado uno de los antiguos caminos secundarios hacia Rocabruma. No había ocurrido ningún derrumbe: alguien había levantado deliberadamente un muro bajo de piedras durante la noche. Sobre él descansaba una tabla donde podía leerse: «NO CONTINÚEN». —No es una orden de la ciudad —aseguró uno de los guardias enviados a revisar el lugar—. Y nadie tiene autorización para cerrar este camino. Detrás del muro, el sendero parecía completamente normal. El bloqueo puede retirarse fácilmente y no existe ningún obstáculo visible más adelante. Aun así, algunos viajeros han comenzado a utilizar una ruta distinta hasta que alguien averigüe quién colocó el aviso.
Nodo de Exploración: Algo Camina Sobre las Nubes Ubicación: Ciudad de Cumbretrueno Día 39 de Otoño, del año 150: Cumbretrueno se encontraba levantada directamente sobre la espina de la Cordillera del Trueno, donde puentes de piedra comunicaban plataformas suspendidas entre barrancos y las nubes podían quedar por debajo de algunos barrios. Los habitantes estaban acostumbrados a relámpagos distantes, vientos violentos y sonidos que viajaban enormes distancias entre los picos. Durante la tarde, una gruesa capa de nubes cubrió completamente las zonas inferiores, dejando las partes más altas de la ciudad como pequeñas islas de piedra sobre un océano blanco. Desde el Mirador del Relámpago, tres trabajadores comenzaron a observar algo que se movía sobre una cresta parcialmente oculta. —Eso no es una persona —dijo uno después de varios segundos—. Es demasiado grande. La silueta desaparecía entre las nubes y volvía a surgir unos metros más adelante, avanzando lentamente hacia uno de los puentes secundarios que conectaban la ciudad con una plataforma exterior. Minutos después, un fuerte golpe resonó desde esa dirección. La niebla sigue cubriendo completamente el barranco y nadie puede determinar con certeza qué se encuentra del otro lado. Sin embargo, desde el puente continúa llegando ocasionalmente el sonido de algo pesado golpeando la piedra.
Nodo de Exploración: El Viajero del Paso Ubicación: Ciudad de Rocanorte Día 31 de Otoño, del año 150: Rocanorte se alzaba entre fuertes vientos y caminos de altura, próxima a algunos de los pasos más fríos del norte del país. Desde la Torre del Vigía se observaban las rutas que ascendían hacia Cumbretrueno y las sendas que desaparecían entre montañas y nubes. Los viajeros que llegaban hasta la ciudad solían detenerse durante varios días antes de continuar, especialmente cuando el clima volvía peligrosos los caminos. Un hombre vestido con ropa de viaje apareció aquella tarde en el Mercado del Frío y comenzó a preguntar insistentemente cuál era la ruta hacia Cumbretrueno. —La conozco perfectamente —respondió finalmente uno de los comerciantes—. Pero con ese calzado no llegará ni a la mitad. El desconocido agradeció el consejo, compró botas usadas, alimentos y una manta, y abandonó Rocanorte por el Camino de Cumbretrueno antes del anochecer. Algunos habitantes comentaron durante un rato que el viajero parecía demasiado mal preparado para alguien que afirmaba conocer las montañas. Al día siguiente, sin embargo, nadie volvió a prestarle atención.
Nodo de Exploración: Las Flores de la Escalinata Ubicación: Ciudad de Peñaverde Día 23 de Otoño, del año 150: Peñaverde permanecía todavía cubierta por los últimos colores vivos antes de la llegada definitiva del frío. Sus jardines escalonados, huertos de ladera y senderos boscosos convertían a la ciudad en uno de los asentamientos más verdes del país, aunque durante el otoño muchas de sus terrazas comenzaban lentamente a quedar vacías. Entre el Barrio del Bosque y la Capilla de la Bruma existía una larga escalinata de piedra utilizada diariamente por comerciantes y residentes. Durante tres mañanas consecutivas aparecieron pequeños ramos de flores blancas colocados exactamente en el mismo escalón. —Será alguien recordando a un familiar —comentó una anciana mientras retiraba hojas secas próximas al camino—. Aquí la gente hace esas cosas. Nadie reconocía las flores ni sabía quién las colocaba, pero tampoco existía ninguna razón para considerar extraño que alguien dejara una ofrenda anónima en un sitio tranquilo. Las flores permanecieron allí hasta marchitarse. Unos días después dejaron de aparecer y nadie volvió a mencionar el asunto.
Nodo de Exploración: El Puente que Tiembla Ubicación: Ciudad de Vallepiedra Día 16 de Otoño, del año 150: Vallepiedra se extendía entre ríos de montaña, terrazas habitadas y numerosos puentes de piedra que comunicaban las distintas alturas de la ciudad. El sonido del agua acompañaba constantemente la actividad del Mercado Bajo, los talleres y los caminos que conducían hacia Altacumbre y Peñaverde. La ciudad estaba acostumbrada a pequeñas vibraciones producidas por desprendimientos o corrientes subterráneas, por lo que pocos prestaban atención a los temblores menores que ocasionalmente recorrían el valle. Aquella mañana, sin embargo, un cantero permanecía agachado junto a uno de los soportes del Puente de Piedra. —Esto no estaba ayer —dijo mientras introducía dos dedos en una grieta reciente—. Y no es lo peor. Cada vez que pasa agua con fuerza debajo del arco, la abertura crece un poco más. Según el hombre, el puente había sido inspeccionado apenas una semana antes y no mostraba daños importantes. Aun así, una serie de pequeñas piedras continuaba cayendo desde su cara inferior. El tránsito continúa abierto mientras los trabajadores colocan marcas para comprobar si la grieta sigue aumentando. Desde debajo del puente puede escucharse ocasionalmente un golpe sordo procedente del interior de la estructura.
Nodo de Exploración: La Campana Bajo la Nieve Ubicación: Monasterio de la Cumbre Día 09 de Otoño, del año 150: El Monasterio de la Cumbre se alzaba sobre una sucesión de cornisas de roca, puentes y terrazas rodeadas por abetos y paredes montañosas. Aunque las primeras nevadas importantes todavía no habían llegado, el aire era ya considerablemente más frío en las alturas y una capa fina de hielo aparecía cada mañana sobre los senderos de piedra. Los residentes mantenían despejados el Camino del Peregrino, el Patio del Silencio y las escalinatas que conducían hacia la Capilla de la Nieve, mientras las campanas del monasterio marcaban los momentos de trabajo y oración. Poco antes del amanecer, una campana comenzó a sonar desde una zona situada bastante por debajo del edificio principal. Uno de los monjes apareció en el Patio del Silencio visiblemente desconcertado. —No tenemos ninguna campana allí —aseguró mientras señalaba hacia uno de los barrancos—. Pero lleva sonando desde antes de que saliera el sol. Tres residentes descendieron por uno de los senderos inferiores para comprobarlo. Ninguno había regresado varias horas después. El sonido vuelve a escucharse a intervalos irregulares desde algún punto oculto entre la niebla del barranco. Los accesos inferiores permanecen abiertos, aunque los habitantes del monasterio han dejado de descender por ellos.
Nodo de Exploración: La Barca Entre las Rocas Ubicación: Villa de Pedralba Día 03 de Otoño, del año 150: La pequeña Villa de Pedralba ocupaba su habitual rincón apartado al sur del País de las Montañas, rodeada por aguas frías, peñascos y pendientes sobre las que se distribuían unas pocas viviendas de piedra y madera. El muelle recibía principalmente embarcaciones pesqueras y pequeños cargamentos procedentes de Rocabruma, mientras los habitantes trabajaban entre los Huertos Altos, las casas próximas al puerto y los estrechos senderos que ascendían hacia el Mirador del Sur. Aquella mañana, después de una noche de oleaje especialmente fuerte, varios habitantes se habían reunido en la Playa de Piedra para observar algo atrapado entre los peñascos. —Es solo una barca vieja —sentenció uno de los pescadores mientras otros dos intentaban liberarla con una cuerda—. Seguro se soltó de algún muelle durante la tormenta. La embarcación estaba vacía, no llevaba identificación alguna y presentaba años de desgaste. En su interior únicamente había una red rota, un remo partido y un pequeño cencerro oxidado cuya procedencia nadie pudo reconocer. La barca terminó siendo arrastrada hasta el muelle y desmontada para aprovechar la madera que todavía podía recuperarse. Para el final del día, el hallazgo había quedado reducido a otra historia menor causada por el mal tiempo.
Nodo de Exploración: Las Huellas del Arroyo Ubicación: Ciudad de Shizume Día 21 de Otoño, del año 150: El Arroyo de Shizume descendía con suavidad alrededor de la localidad antes de continuar hacia los campos del sur. Después de una noche de lluvia, los caminos de tierra estaban todavía húmedos y las orillas conservaban numerosas huellas de animales, trabajadores y carros. Cerca del Puente Bajo, dos agricultores se habían detenido para observar una sucesión de marcas que cruzaban directamente desde el agua hasta uno de los huertos. —Parecen de alguien caminando descalzo —dijo uno mientras señalaba el barro—. Solo que empiezan ahí mismo, dentro del arroyo. Su compañero siguió las huellas durante algunos metros antes de encontrar el punto donde terminaban junto a una cerca. No había signos de que alguien hubiese saltado, regresado ni continuado hacia otra dirección. Una hora después, el tránsito habitual comenzó a borrar las marcas. Para cuando el camino volvió a llenarse de agricultores, prácticamente no quedaba rastro de ellas.
Nodo de Exploración: La Cosecha sin Dueño Ubicación: Ciudad de Midori Día 15 de Otoño, del año 150: Midori se encontraba especialmente activa por el movimiento de las cosechas. Sacos de hojas llegaban desde las terrazas cercanas, comerciantes discutían precios alrededor del Mercado del Té y los talleres trabajaban continuamente procesando mercancías antes de enviarlas hacia Chashiro o Degarashi. Cerca del Almacén Comunal, sin embargo, varias personas observaban una carreta cargada hasta arriba que había permanecido allí desde antes del amanecer. —No tiene propietario —explicó una mujer encargada del almacén—. El conductor la dejó aquí, dijo que regresaría después de beber agua y nunca volvió. No hay sello de plantación, no hay documento de entrega y nadie reconoce la marca de las cestas. Lo verdaderamente extraño era la calidad de las hojas: parecían recién recogidas y correspondían a una variedad cultivada en la región, pero ningún productor presente admitía haberlas enviado. La carreta permanece apartada del tránsito mientras los comerciantes intentan identificar su procedencia. Entre los sacos solamente se encontró una cuerda, una manta y una pequeña ficha de madera sin inscripción.
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