Hay leyendas que caen, otras que desaparecen, otras que se fraguan y algunas otras, que aun están por surgir. Es en ese punto cuando, en la vorágine del mundo, en el caos absoluto del presente en el que tantos frentes abiertos hay y tanta dificultad sostenida en el mañana y el horizonte, que el nacimiento de un nuevo sol viene de la mano de la esperanza de un mañana brillante para todos los que están ansiosos de reconocimiento, fama, o de poder cumplir sus sueños y objetivos. En un mundo en el que personas en solitario conquistan islas enteras, hunden flotas, parten ciudades a golpes, o son capaces de cambiar la geografía y el clima, los Blues son quizá el recodo más recatado y sencillo de todos ellos: pero albergan horrores. Los hombres y mujeres que hoy son leyendas, alguna vez comenzaron aquí. Y los que hoy se alzan, mañana podrán alcanzar ese escalón. En este mundo, los días pasan lentos, pero los meses pasan rápido. Los acontecimientos continúan desarrollándose a un ritmo frenético, más rápido de lo que la vista puede seguir, y el sino del mundo empieza a transitar por aguas más turbulentas que las de sus propios mares. Por todas partes, las espadas chocan, los puños se encuentran, y los sueños se alzan o colapsan en ruinas. Desde los níveos estandartes del Gobierno Mundial hasta las profundidades del Bajo Mundo, pasando por las malolientes bodegas de los galeones de los piratas o los puños en alto de los Revolucionarios, los ideales se consolidan y, simultáneamente, se
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Día 68 de Verano, Año 18. Hora: 13:11 No podía detenerse, si algo volvía a suceder en los alrededores del Ford's Transit y él no había intentado previamente contener esa amenaza, jamás se lo perdonaría, porque si bien, la captura de los Sepultura había sido beneficiosa para la marina, sin ninguna baja ni daños reportados, sabía de antemano que las represalias de alguien sin nada que perder eran peligrosas, y no estaba dispuesto a permitir el beneficio de la duda. Tras las charlas con la División Treinta y los reportes detallados que le brindó Omuyaga, Shin comenzó a hacer incursiones en solitario en los alrededores del terreno donde habían atracado, especialmente desde la dirección indicada por el azabache, siendo el sur, punto de partida de los piratas. Rackham Uker seguía faltando en la ecuación y no podía quedarse tranquilo bajo esa idea, en caso contrario, ¿qué les aseguraba que no intentaría vengarse? Hasta donde tenía entendido, nadie entre su grupo había interactuado con aquel sujeto, y las prioridades del Comandante pasaban a centrarse en los menos capaces bajo las órdenes de Enji. De esa manera fue descubriendo cosas a base de investigación de campo e interacción con los oriundos de la isla, como que el anillo se extiende alrededor de una laguna central, que las mareas separan el territorio en diez partes, y que una vez al año se permite el paso a pie de los nómadas por el descenso de la susodicha, aunque este fenómeno dura unas pocas horas. Básicamente, resultaba en
7 de Primavera año 18 Skypiea, a principios del bosque Noche Admirar plantas, seguir admirando plantas y de vez en cuando algún que otro ñordiki, las cosas que hago por el dinero son… increíbles. El bosque de Skypiea me recibía con cierta oscuridad simplemente aliviada por estar casi a las faldas de la ciudad principal ¿Qué? ¿Acaso exploraría lo más recóndito de esta flora y fauna de este lugar a esta hora? No, no había dinero que valiera tal hazaña. Me quitaba los restos de lianas y hojas que terminaban sobre mis hombros con cierta molestia mientras continuaba avanzando, buscando que podría tomar sin que alguno de esos seres alados me viera o molestara. Un lugar tan remoto y fantasioso como este no solo atraía miradas, piratas hambrientos de poder y perros del gobierno en búsqueda de… lo que sea que busquen los perros, pero podría atraer muchísimas carteras y por consecuencia berries a mi bolsillo ¿Podría vender la madera al triple de precio si decía que la había obtenido de este lugar? Tan solo podría soñar en todo lo que podía hacer si lograba arrancarle un adoquín de oro a la casa de los locales pero ni yo me arriesgaba tanto: Si hay algo más poderoso que el dinero son los contactos y no me gustaría arruinar mis oportunidades en este sitio. Así que me había limitado al bosque, aun sabiendo lo fanáticos de la naturaleza que son por aquí y sin embargo, tal vez si fuera un boticario o tuviera algún misero conocimiento en plantas encontraría más valor de lo que yo, una increí
4 de Verano año 16 Reino de Samba Atardecer. Las letras rojas del letrero colorido eran directas, apareciendo frente a mi como obra del místico destino al preguntar “¿Qué haré hoy si ya terminé de trabajar?” Pues ahí estaba mi respuesta. La verdad es que no estaba tan cansado para llamarlo un día, aunque había perdido la cantidad de reuniones que había tenido ¿Cinco? ¿El tener que invitarle una bebida a ese sujeto contaba como una? Por lo que me había perdido entre las calles selváticas de Samba intentando notar alguna novedad por esta ya tan conocida tierra, creo que después de isla Karate y Torino este era el lugar que más solía visitar por negocios. Leí una vez más el letrero frente a mi ¿Bailar? Recuerdo haber disfrutado ocasionalmente de alguno que otro baile aunque nunca me había interesado del todo aquella maestría, pero había otro texto que le había agradado a mi hambriento estomago: Buffet gratis y solo eso fue suficiente para decidir encaminarme al centro de danza. En el lugar había más gente de la que esperaba, platicando en la pista mientras los que parecían ser los instructores terminaban por acomodar alrededor y del otro lado, casi llamativo, una extensa mesa con una fila de diversas frutas, comidas y botanas que por el momento parecía no accesible. Esperé, mirando desde cierta distancia al resto de locales y viajeros que se habían reunido a bailar, cuando la voz del maestro de ceremonias se hizo presente. —¡BUENAS A TODOS! ¡GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS EN ESTA TARD
Erase una vez la historia de un joven de pelo blanco que un día, tras por primera vez en su vida en algo, habría decidido ser un luchador de artes marciales mixtas, todo gracias a que una muchacha, Sira, lo había acogido bajo un entrenamiento físico estricto y le había enseñado el poderoso arte del Hasshoken. También había aguantado parte del maltrato físico y las palabras duras gracias a que, en el fondo y aunque no lo quiera reconocer, le gustaba un poquito. ¿Pero qué pasa con ese joven que trasteaba con chatarra? ¿Ese que jugueteaba con la basura y que soñaba con ser un gran inventor para su propio uso y disfrute? Aquel deseo, la pasión, el ingenio, se había dejado un poco de lado con el único objetivo de maltratar las pocas neuronas sanas que aun quedaban en aquel cerebrito. Con el tiempo, en su estadía en la isla, se daría cuenta de una cosa, y es que el muy cabeza de chorlito podría usar las dos cosas. No era tan complicado combinar lo mejor de ambos mundos y, si le dejaban cancha por la que correr, lo mejor de los tres mundos de forma simultánea. ¿Qué mejor que usar una espada? Una espada con una pequeña batería que la electrifique. ¿Y qué mejor que tener una espada electrificada? Poder venderla a base de regateos a cualquier tonto que pasase por ahí y vendérsela inflada de precio. Si el mundo podía especular con trozos de cartón y cabezas de piratas, por qué el callejero no iba a poder hacerlo con sus propias modificaciones. ¡Vaya que si! Es por eso que sumido en la o
***“One way or another, I'm gonna find ya I’m gonna get ya, get ya, get ya, get ya” Día 39 de verano, Año 18 1:35 a.m. Túneles de Chika —Asquerosos criminales, sucios y asquerosos piratas — . La frase terminó con un escupitajo que cayó, no al suelo, si no hacia el rostro de un joven que estaba amordazado sobre el suelo. Respiraba a duras penas y, aunque consciente, su cuerpo, desde la cabeza a los pies, estaba tan entumecido que sus pensamientos estaban tan revueltos que le era imposible hacer algo más que no fuera respirar. —Pero ya verán, voy a atraparlos a todos, uno por uno — . El muchacho sobre el suelo volvió a escuchar la voz ronca y deseó poder defenderse, así fuera verbalmente, pero solo alcanzó a mirar al cuerpo larguirucho que se cernía sobre él. —¡Tu! Vas a decirme si los conoces…Ustedes los criminales deben conocerse entre sí…Tal vez, si logras decirme algo sobre ellos te dé el antídoto que te causó esto y te deje ir — . La larguirucha forma se puso de cuclillas a un lado de él. Sus dedos largos, que daban la sensación de ser ramas de un árbol viejo, sacaron unos papeles de su larga gabardina azul marino, algo desgastada y curtida por el uso. —Así que, parpadea una vez si los conoces y dos si no — . Desenvolvió los papeles, dejando ver con la claridad que daba la antorcha que había clavado antes al suelo, la silueta de posters de “se busca”. El muchacho, aun amordazado, alzó un poco la mirada y solo logró ver la silueta borrosa de una imagen de lo que parecía una
4 de invierno año 16 Gear, Kutsukku. [b] Cerca del anochecer. [/b] Había escuchado que este sitio era el mejor lugar para conseguir armamento. Usualmente no me dejo llevar por simples consejos cuando se trata de viajar: Uno nunca sabe si sus intenciones son honradas o simplemente pretenden atraerte a la boca del lobo para reducir la competencia, sin embargo, la insistencia de esta mujer en “darle la oportunidad” había sido tanta que simplemente desperdiciar la oportunidad de curiosear pero parecía indigno como alguien que siempre ha confiado en los designios del destino. Esa noche, entre la chatarra y el olor metálico que no podía terminar de identificar si se trataba de sangre o del metal que usaban para las armas, el frio pretendía colarse entre los huesos haciéndome tiritar, intenté omitirlo ¿Cómo es que alguien tan grandioso como yo se vería amedrentado y encogido por le frio? ¡Imposible! Por lo que me había rehusado a usar ropa más abrigadora, sintiendo el frio metal del medallón contra el pecho desnudo que, por supuesto, no ayudaba en nada. Las luces neón que parecían señalizar lugares de mala muerte o peor, lograban iluminar mi rostro de forma perfecta ¿A quien miento? Aunque no estuviera iluminado seguiría siendo hermosamente perfecto… Ese no es el punto. Finalmente, detrás de los lentes naranjas había logrado divisar el letrero con una estrella al final del nombre, abriendo la puerta de un jalón mientras intentaba observar a los alrededores para evitar que me siguier
Año 18 Verano Día 74 Ya eran pasadas las diez de la mañana y Moja, el cual ya se encontraba aburrido de estar tumbado allí recuperándose. Necesitaba que su cuerpo moverse, aunque solo fuera un poco. Sacó una de sus flechas da la manga de la camisa y la dirigió telepáticamente hasta la mochila que llevaba siempre consigo. En el guardaba el material que llevaba para sus misiones. La flecha agarró la mochila por el asa y la llevó volando hasta el camastro donde estaba. Moja había notado últimamente que llevaba demasiadas cosas en ella, así que se dedicó a sacarlo todo y colocarlo encima del camastro. Prácticamente estaba llena de botiquines que había ido acumulando desde hacía un tiempo. Tenia un total de siete botiquines, tres pequeños, dos medianos y otros dos grandes. Tenia que buscar una forma de organizar aquello. Los botiquines medianos y grandes aun eran utilizables, así que había que ahorrar espacio con los pequeños. El mink se quedó pensando durante unos instantes pensado en cual era la mejor opción. Tras meditarlo tomó la decisión de reunir los tres pequeños en uno grande. Guardó todo lo demás metódicamente, buscando el sitio perfecto para cada cosa. Luego se acercó los tres pequeños, que eran los que había colocado más alejado al sacarlos. Abrió el primero de los pequeños y con sumo cuidado fue sacando los productos de su interior y colocándolos ordenados. Primero sacó un pequeño bote de alcohol, lo abrió y le echó una olisqueada, respirando un profundo olor a alcohol
73 de Verano del año 18, Isla del Kárate. Había conseguido empleo en una pequeña cafetería en las afueras de la isla. Era tranquila, lo suficientemente acogedora como para poder pretender ser habladora y hacer alguna que otra pregunta indiscreta a los lugareños. No demasiado abarrotada como para ser estresante, o ruidosa como para que fuera difícil conversar. La mayoría de clientes no permanecían en la conversación lo suficiente como para sacarles demasiada información, pero granito a granito había ido reuniendo bastante y comenzaba a tener una imagen más o menos completa de la isla. Un chico, joven, que había ido a pedir un batido para llevar le había comentado que Kárate era conocida por dos cosas en particular: su arroz y sus artes marciales. Lo había dicho con ese tono de orgullo propio de los más patriotas. Había dicho que él era estudiante en uno de los dojos, no era el más conocido, pero él hablaba del dojo con mucho cariño. Entrenaba por la mañana en el dojo y por la tarde iba a ayudar a su familia en los arrozales. Tenía una hermana menor que se había aficionado a las artes marciales, pero aún así entendía la importancia del arroz, por lo que trabajaba en los arrozales con la familia por la mañana y, hasta entrada la noche, entrenaba en el dojo en el que él estaba. Estaba también muy orgulloso de su pequeña hermana, no dejaba de hablar de ella. — No he visto barcos comerciales. — Dijo Aria mientras entregaba el café a una señora y su grupo de amigas. La señora se enc
Isla Kutsukku Día 64 de Verano Año 18 Es de menester informar de como había sido el, hasta ahora, viaje en el que se había embarcado el pequeño, pero no inocente, Kai. Desde su partida en Karate había subido a la embarcación, y poco tiempo después, muchos de los trabajadores de abordo se habían puesto nerviosos. Por su forma de hablar, de andar, de hacer ruido, pero, sobre todo, por su forma tan genuina de liberarse de las cargas que apresaban su cuerpo, pequeño y escuchimizado. ¿Sería cierto lo que dicen? ¿Podía apagar diez velas encendidas en fila india con tan solo la única fuerza de sus glúteos? Es una hazaña, casi como una leyenda urbana, que se había ido extendiendo entre los más niños dentro del barco. Había tenido tiempo para dar de que hablar, pues se había pasado encerrado casi dos jornadas dentro de aquellas múltiples paredes flotantes. En una de ellas había terminado paseando por toda planta, cubierta, habitación y baño que había en el barco, no en vano. Todo hombre, un adolescente en realidad, necesitaba saber donde estaba cada cosa, donde podía esconderse de necesitarlo, donde podía pelear sin salir volando hacia el mar y, más importante aún, por donde podía escapar si se veía en problemas. No es que fuese especialmente paranoico, pero siempre que acaba encerrado en un sitio pasaba algo. Un adolescente como él siempre acababa metido en algún tipo de problema, así que un reconocimiento del terreno era algo a lo que ya se había tenido que acostumbrar desde pequeño
Día 16 de Primavera, Año 14 Callejones de Samba, Reino de Samba 22:00 de la noche Una noche más, Eele se preparaba para uno de sus combates. Todo era rutinario. Ajustaba los vendajes de sus manos; nadie quiere a un luchador con un dedo partido o una muñeca dislocada. Practicaba algunos de sus golpes al aire. Saltaba a la comba para entrar en calor. Incluso se había frotado con algo de aceite en los pómulos. Si los golpes del rival resbalaban, hacían menos daño. Todo parecía normal en aquella noche. Aún así, Eele mostraba un gesto mucho más arrugado que de costumbre. —Concéntrate, chico. Hoy tiene que ser una gran noche —dijo el maestro Kreese. — Ese cabrón si que es grande. Pero yo lo seré más. — Si te confías, acabarás en la lona, muchacho. Te enfrentas a LaRossa. Ese chico lleva 20 combates seguidos ganando. Tendrás que usar todo tu arsenal para vencerle. —¿Todo mi arsenal? ¿De qué estás hablando, viejo? Pienso derrotarlo solo con mis puños —Eele apretó su mano en un puño frente a su cara, con el dorso hacia su maestro. — Jajajaja. Ese es mi chaval. Desde que te encontré en las calles supe de tu sed de sangre. Se abrió la puerta y el bullicio del exterior entró en la habitación. Eele puso una toalla mojada sobre su cabeza y se levantó. El maestro Kreese abrió la boca, como si fuese a decir algo, pero el chico lo apartó empujando con el dorso de la mano en su pecho. —No digas nada. Sé que soy el mejor-ring . Eele avanzó con arrogancia. Estaba tan seguro de sí mismo que no se
Dia 73 de Verano, Año 18 Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña Atributos Personaje Mostrar Estadísticas de Hanma: 185 FUE 220 RES 30 DES 30 PRE 145 AGI 30 REF 30 INT 149 VOL 0 CH 45 CA Vitalidad: 3378 / 3378 Energía: 2859 / 2859 Espirítu: 447 / 447 Nivel: 10 El frio y el rocio de la madrugada no se habia marchado todavia de las ramas de los pinos cuando Hanma puso la bota en el primer repecho de piedra, parecia un poco silent hil ( si es que ese juego existiera en este mundo). Subir por segunda vez por aquel sendero de cabras no le hacia gracia a sus rodillas. Traia en lo alto de la cabeza un cardenal morado del tamaño de un plato grande, justo entre las dos cepas de los cuernos. Le tiraba la piel al levantar las cejas. Notaba una punzada sorda cada pocos pasos, como si tuviera dentro un grillo empeñadoen volverlo loco de remate. Hacia un frio que pelaba, novedad. El cielo sobre el mar de Isla Karate clareaba despacio, pasando de aquel azul sucio a un tono ceniciento que prometia calor para mas tarde. Abajo, en los dojos de la ladera, ya se oian los primeros berridos de los alumnos corriendo en calzones, unos gritos secos que sonaban como ladridos de perros. A Hanma le daba igual. Su camino iba hacia arriba, hacia aquel patio encajado entre paredones donde la unica regla era no partirse la crisma antes del almuerzo, y era una regla dificil de mantener. Al cruzar el arco de piedra del patio alto, lo primero que le llego a la nariz no fue el olor a resina ni el air
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